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jueves, 28 de junio de 2012
Dos naves espaciales chinas se separan en órbita
domingo, 27 de mayo de 2012
Empezaron los vuelos aeroespaciales privados
Poco después de que las escotillas entre el nodo Harmony de la Estación y la nave espacial Dragon fueron abiertas ayer, los astronautas se aventuraron hacia la cápsula por primera vez.
"Huele como un auto nuevo", dijo el astronauta estadounidense Don Pettit, que el viernes fue el que manipuló el brazo robótico de la estación y atrapó a la cápsula Dragon mientras se acercaba al puesto de investigación. Con máscaras en sus rostros y anteojos de protección, Pettit y el comandante de la estación, el cosmonauta ruso Oleg Kononenko, ingresaron en Dragon para echar un primer vistazo al interior de la nueva nave y su contenido.
A ellos dos se unieron en la entrada de la escotilla André Kuipers, de la agencia espacial europea, y el cosmonauta ruso Gennady Padalka. Ahora el equipo iniciará cuatro días de trabajo para descargar y reaprovisionar la primera nave espacial comercial de reabastecimiento con material diverso para volver a la Tierra. Hasta ahora solo Rusia, Japón y Europa tenían la posibilidad de transportar carga a la ISS. Estados Unidos perdió esa capacidad cuando retiró su flota de transbordadores espaciales el año pasado. Las agencias espaciales de Japón y Europa tienen naves de suministro que pueden llevar carga a la Estación, pero no pueden regresar a la Tierra intactas y son misiones cuyo final se prevé en los próximos años.
Eso significa que SpaceX y su competidor Orbital Sciences Corporation podrían convertirse en los principales administradores de carga de la estación espacial, de 100.000 millones de dólares y cuyo funcionamiento está previsto que se extienda hasta 2020, dijo la NASA.
En una reciente entrevista, Neil Armstrong, el primer hombre en la Luna, respondió así a quienes no creen que llegó hasta nuestro satélite: “A la gente le encantan las teorías conspirativas. Algún día una misión volverá a la Luna y encontrará la cámara que dejé ahí”
jueves, 29 de diciembre de 2011
Naves gemelas están a punto de llegar a la luna
La Grail A llegará el próximo sábado 31 y la Grail B lo hará el domingo día uno. Han recorrido unos cuatro millones de kilómetros por separado siguiendo unas larguísima trayectorias casi paralelas, y ahora se podrán en órbita lunar separadas una de otra por una distancia de unos 200 metros de media para, volando en formación, levantar un mapa gravitatorio del satélite natural de la Tierra, lo que permitirá conocer mejor su estructura interna.
“Esta misión reescribirá los libros de texto sobre la evolución de la luna”, dijo Maria Zuber, la investigadora principal de Grail (Gravity Recovery And Interior Laboratory), en la rueda de prensa en la que la NASA ha dado los últimos datos sobre ambas sondas y las maniobras de inserción en órbita lunar previstas para las próximas horas. Zuber también ha destacado que ambas naves están funcionando perfectamente.
La Grail-A está, el 28 de diciembre, a 106.000 kilómetros de la Luna y acercándose con una velocidad de 1.200 kilómetros por hora; la Grail-B está a 128.000 kilómetros y se aproxima a 1.228 kilómetros por hora. En la maniobra de inserción en órbita tienen que encender motor principal durante unos 40 minutos para perder velocidad. Primero lo hará una, el sábado, y luego la otra, 25 horas después.
Las naves, de unos 300 kilos cada una y tamaño poco mayor que una lavadora doméstica, llevan equipos para medir la distancia entre ellas con gran precisión (un error máximo equivalente al diámetro de un glóbulo rojo).
La distribución de masas en la Luna (por ejemplo, al sobrevolar una montaña o un gran cráter) generará variaciones en la distancia de separación de los dos artefactos, que sobrevolarán el satélite natural a 55 kilómetros de altura y pasando casi por los polos.
Los datos adquiridos (cien veces más precisos que los que se conocen ahora para la cara visible del satélite y mil veces para la cara oculta) permitirán a los científicos confeccionar un mapa gravitatorio lunar de alta resolución.
martes, 12 de abril de 2011
50 AñOS DEL VUELO DE YURI GAGARIN
Su grito espontáneo de "¡payéjali!" (¡vamos allá!) quedó para siempre vinculado en la cultura popular rusa como expresión de autoconfianza y arrojo ante retos imposibles
El grito espontáneo de "¡payéjali!" (¡vamos allá!) que profirió Gagarin acurrucado en la cápsula Vostok durante la ignición del cohete, a las 9.07 (hora de Moscú, 7.07 en España), quedó para siempre vinculado en la cultura popular rusa como expresión de autoconfianza y arrojo ante retos imposibles.
Tras sobrevolar el Estrecho de Magallanes, África y Turquía a 28.000 kilómetros por hora en régimen automático, la caída de la nave esférica Vostok sobre un sembrado en la región meridional de Saratov, plantó la primera semilla de la cosmonáutica en nuestro planeta. La noticia de aquella órbita pionera no tardó en dar la vuelta al mundo. "La Tierra tiene una aureola muy característica, de un hermosísimo color azul", dejó escrito Gagarin en su informe de vuelo. La dimensión de aquel hito trascendía fronteras, razas, culturas e ideologías, pero en ese momento Gagarin sólo quería un teléfono para llamar a Moscú.
Llegada a Engels tras el aterrizaje
El aterrizaje del ruso fue poco ortodoxo. Creyendo que se quemaba vivo durante la reentrada (las llamaradas penetraban como dagas en el revestimiento de la cápsula Vostok), Gagarin activó su asiento eyectable a 7 kilómetros de tocar tierra. Al parecer, nadie le advirtió que tendría que aguantar en la estratosfera aquel �descenso a los infiernos� durante varios minutos.
La dimensión de aquel hito trascendía fronteras, razas, culturas e ideologías, pero en ese momento Gagarin sólo quería un teléfono para llamar a Moscú
"En aquel momento se cortó la comunicación. Gagarin se asustó porque creía que se quemaba y se arrancó sus microfonos de comunicación [langirófonos]", asegura a ELMUNDO.es Guenadi Turkin, que en 1961 era el meteorólogo del aeródromo de militar Engels, la localidad a la que fue traslado Gagarin tras su aterrizaje, donde mantuvo contacto directo con el primer cosmonauta y le sirvió de guía en medio de la gente.
Cuando aquella mañana le pidieron que controlara la velocidad del viento, Guenadi pensó que los científicos de Moscú iban a lanzar algún otro perro, como Laika (el primer ser vivo lanzado al espacio en 1957) o como Belka y Strelka, la pareja de canes que en 1960 sobrevivió al primer vuelo cósmico de ida y vuelta con seres vivos.
Gagarin aterrizó en paracaídas en campo abierto, en un punto que Moscú no había previsto, razón por la que no había nadie para recibirlo. El aterrizaje se desvió sensiblemente debido a que la cápsula Vostok y el módulo de instrumental no se separaron a tiempo, enredados como estaban por unos cables (que afortunadamente se fundieron durante la reentrada).
El susto de dos campesinas
Mientras descendía en paracaídas, Gagarin reconoció la mítica anchura del río Volga y supo que estaba en casa. Las primeras personas a las que vio fue a una campesina y su nieta que plantaban patatas. "Soy uno de los vuestros, Un soviético. No teman", les dijo al ver que reaccionaban con miedo.
Medía 1,57, pese a lo cual "jugaba al baloncesto y al voleibol como delantero porque tenía un resorte interno que le hacía saltar muy alto"
Las koljozianas le ofrecieron leche y pan, pero Gagarin declinó la oferta y, en medio de aquel sembrado, fue al grano: "necesito llamar por teléfono". Gagarin ansiaba comunicarle a las altas esferas que su esfera estaba en tierra. Hoy probablemente las lugareñas se habrían sacado un móvil del bolsillo de la falda y le habrían hecho fotos a Gagarin, pero entonces el teléfono era un bien escaso en la URSS profunda. La aldea más cercana era Smelovka, a unos seis kilómetros, mientras que la ciudad más próxima, Engels, distaba 20 kilómetros.
Cuando los trabajadores del cercano koljoz Shevchenko cercaban a Gagarin y lo jaleaban sabedores de su gesta (la agencia TASS había dejado caer la noticia poco antes de su aterrizaje), irrumpió un grupo de militares del Ejército Rojo para llevarse al cosmonauta recién nacido a la guarnición de Engels en un helicóptero Mi-4.
Un lugar de peregrinaje
El lugar donde Gagarin aterrizó, a unos 20 kilómetros de Engels, es hoy un lugar de peregrinaje obligado para los entusiastas de la cosmonáutica. El punto donde cayó la nave Vostok queda demarcado por una colosal estela metálica de un cohete, cuyo pedestal marrón repintan varios obreros en vísperas del 50 aniversario del vuelo pionero de Gagarin, que Rusia celebra hoy por todo lo alto.
"Cuando salió el helicóptero, la gorra inmediatamente se la llevó el viento. Su cabeza era pequeña y el jefe de departamento político le había dado una gorra grande", recuerda Turkin, que en 1961 tenía 30 años y contempló aquel segundo aterrizaje de Gagarin con sus prismáticos.
En Engels todos querían ver y tocar a Gagarin, que del helicóptero fue trasladado en un coche verde �Volga� hasta las instalaciones de control de vuelos para que pudiera llamar por teléfono al Dios comunista, el secretario general del Partido Comunidta de la URSS y padrino de su ascensión espacial, Nikita Jrushchov.
"No ha cambiado nada, sólo la valla, que rodea el edificio, que entonces era de madera", explica a ELMUNDO.es Fanil Gareev, un ex oficial de 65 años que aquel día hacía ejercicio de tiro cuando Gagarin entró en Engels y se le puso a tiro. "Ese fue el momento más impresionante en mi vida", confiesa emocionado, enfundado en una parca verde lagarto y con una bolsa de plástico negro de la que saca una foto de Gagarin hablando por teléfono dentro del instituto científico. "Jrushchov estaba ese día en Sochi", aclara.
Koroliov, el �cerebro� a la sombra
Gagarin, ya convertido en héroe nacional, y su hija durante un acto de homenaje. | ITAR TASS.
En realidad la entrada de Gagarin a Engels fue una �reentrada�, ya que el cosmonauta había estado en aquellas instalaciones militares durante el entrenamiento en 1960 del primer grupo de veinte pilotos seleccionados para volar al espacio por obra y gracia de Serguei Koroliov, el padre de la cosmonáutica sovietica y del Sputnik (el primer satélite artificial lanzado por Moscú en 1957).
No había sido entrenado para soportar las presiones de la masa. Cuando se sintió oprimido por el gentío exclamó: "El vuelo cósmico no me ha matado, pero ahota temo morir aplastado por vosotros"
Koroliov, cuya identidad sólo fue revelada tras su muerte en 1966, llamaba "aguiluchos" a los futuros cosmonautas. "En los ensayos con maniquíes habían visto que muchos se dañaban la cabeza en el aterrizaje, así que el cosmonauta tenía que ser bajito", explica Turkin. Gagarin medía 1,57, pese a lo cual "jugaba al baloncesto y al voleibol como delantero porque tenía un resorte interno que le hacía saltar muy alto", explica a ELMUNDO.es Alexei Leonov, compañero de Gagarin en aquellos entrenamientos y protagonista en 1965 de la primera paseata espacial de la historia.
"En 1960 la palabra cosmonauta aún no existía, y nosotros hemos pensado que se preparaban para competición de paracaidistas", explica Gareev, que llora de emoción ante una enorme torre oxidada desde donde los potenciales cosmonautas se catapultaban con paracaídas imitando la eyección.
En Engels el calor de la Vostok fue sustituido por el calor humano (tan abrasivo como el del rozamiento estratosférico): Gagarin no había sido entrenado para soportar las presiones de la masa, y cuando se sintió oprimido por el gentío ante el edificio de investigaciones científicas de la guarnición exclamó: "El vuelo cósmico no me ha matado, pero ahora temo morir aplastado por vosotros". Así lo recuerda Piotr Kvashniuk, un oficial-ingeniero de 25 años que aquel día tomó las primeras fotos de Gagarin descendido cuando era jaleado por la multitud. Aunque el KGB le arrebató por las malas los negativos (hizo unas 70 fotos), Kvashniuk conservó unas cuantas imágenes que ha compartido en exclusiva con este diario (léase suplemento Eureka del 10 de abril).
Después de telefonear por segunda vez a Jrushchov aquel día desde el edificio de investigaciones científicas de la guarnición militar de Engels, Gagarin fue trasladado en helicóptero a Kuibishev (actual Samara), desde donde voló en avión a Moscú, donde lo esperaba Jrushchov con los brazos abiertos.
Una misión incierta
Aunque Gagarin le dijo al líder soviético que todo había ido como la seda, aquello no fue del todo cierto. Una concatenación de imprevistos, como el fallo de hermetización en la escotilla de la nave (que hubo que desatornillar y cambiar con la ignición a punto de caramelo), la problemática separación final de los módulos (que provocó que la nave girara sobre su eje como una peonza durante diez minutos) o el desprendimiento inesperado del petate con el paracaidas de emergencia, dejaron el éxito de la misión en el aire.
El Kremlin preparó tres declaraciones distintas: una para celebrar el éxito de la misión, otra lamentando su muerte y una tercera con un llamamiento a terceros países por si Gagarin caía en el extranjero
Según recoge el escritor Yves Gauthier en su libro �Gagarin o el sueño ruso del espacio� (1998) Oleg Ivanovski, uno de los ingenieros encargados del diseño de la Vostok (el que cambió in extremis la escotilla de la cápsula), calculó a posteriori el porcentaje de éxito de la misión, situándola en no más de un 46 por ciento .
De hecho, el Kremlin tenía preparado tres sobres con tres declaraciones distintas: una para celebrar el éxito de la misión, otra lamentando la muerte del cosmonauta y una tercera que contenía un llamamiento a terceros países por si Gagarin caía en territorio extranjero. Anatoli Davidov, vicejefe de Roskosmos, la Agencia Espacial Rusa reconoció hace unos días que el éxito de la misión "fue en gran medida una cuestión de suerte".
Homenaje en Moscú
Pese al estrellato que le valió su única órbita espacial, Gagarin nunca dejó de tener los pies en la tierra
Quizá también fue una cuestión de suerte que Gagarin no se tropezara cuando caminó por la alfombra roja que habían dispuesto para él en el aeropuerto Vnukovo de Moscú: como se aprecia en las imágenes grabadas por la televisión soviética, el cordón de uno de sus zapatos se agita desatado como rubricando en el aire la terrenalidad del nuevo héroe volador. "Él fue una persona lúcida, lista, que sabía cantar, descansar...", explica a ELMUNDO.es Valentina Tereshkova, la primera mujer que voló al espacio en 1963 a bordo de la nave Vostok-6. "Sabía ser amigo de sus amigos", concluye Tereshkova, que el lunes participó junto con decenas de cosmonautas y astronautas de todo el mundo, retirados y en activo, en un homenaje a Gagarin que tuvo lugar en el museo de la cosmonáutica de Moscú.
"Durante una cena con la Reina de Inglaterra, Gagarin le confesó que no sabía con cual de todos los cubiertos tenía que servirse", recordaba el ex cosmonauta Pavel Popovich en conversación con este diario uno años antes de su muerte, acaecida en 2009.
Pese al estrellato que le valió su única órbita espacial (su ascensión le llevó a ser ascendido de teniente a mayor), Gagarin nunca dejó de tener los pies en la tierra.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Luego de 30 años, nada detiene a la Voyager 1
A la impresionante distancia de 17.400 millones de kilómetros, la sonda de la NASA es el objeto hecho por humanos que más distancia ha recorrido. Pero parece que la edad y la lejanía no son obstáculos para este veterano explorador.
La nave espacial Voyager está ejecutando una serie de maniobras de despliegue para poner uno de sus instrumentos en la mejor posición para medir partículas "barridas" del sol. Los controladores del Jet Propulsion Laboratory, el centro de control en Pasadena, California, reportan una respuesta perfecta de la sonda.
"Comparo Voyager a un auto viejo", dice la directora del proyecto Suzanne Dodds. "Tiene electrónica simple, no un montón de aparatos de lujo, por eso ha podido operar este tiempo, no es tan melindroso". La sonda Voyager 1 fue lanzada en 1977, para un recorrido por los planetas. Desde que completó esa misión, ha estado rondando el espacio.
Ahora, la sonda se dirige en dirección del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea y, en los próximos años, dejará el espacio dominado por la influencia de nuestro Sol y entrará en el espacio interestelar.
lunes, 31 de enero de 2011
Estudian lanzar vuelos espaciales comerciales
Según el diario "Straits Times", el gigante aeroespacial con sede en Francia hizo el año pasado un estudio de viabilidad del proyecto en la ciudad-estado que arrojó resultados "muy positivos".
El vicepresidente regional de EADS, Hughes Laporte-Weywada, indicó que su intención es competir en el futuro con el magnate británico Richard Branson, quien este año tiene previsto comenzar los primeros vuelos comerciales al espacio con Virgin Galactic.
Laporte-Weywada explicó que Asia dispone de suficientes millonarios dispuestos a pagar 200.000 euros por orbitar una hora alrededor de la Tierra.
Singapur es, además, el lugar idóneo porque tiene hangares y plataformas de lanzamiento ya construidas que pueden aprovecharse para las naves.
EADS anunció en 2007 que en cinco años iba a empezar a ofrecer sus primeros vuelos comerciales al espacio.
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