martes, 19 de mayo de 2015

Elevan órbita de la Estación Espacial Internaciona

La órbita de la Estación Espacial Internacional (EEI) fue elevada ayer con ayuda de los propulsores de la nave de carga rusa Progress M-26 al segundo intento, después de que la maniobra fuera abortada el pasado viernes, informó Roscosmos, la agencia espacial rusa.
"La órbita de la EEI ha sido corregida. Para ello se utilizaron los propulsores de la Progress M-26”, dijo un portavoz de Roscosmos citado por EFE.
Los potentes motores de la nave de carga, adosada a la plataforma, estuvieron encendidos durante 32 minutos y elevaron la EEI 2,8 kilómetros, situándola en una altura media de órbita de 405 kilómetros, precisó a la agencia oficial rusa TASS una fuente del sector espacial.
Esta corrección de la órbita debió realizarse el viernes pasado, pero el ordenador de a bordo de la Progress abortó, por causas aún desconocidas, el encendido de sus propulsores.
La órbita de la plataforma espacial se corrige de manera periódica, ya que la EEI pierde diariamente entre 100 y 150 metros de altura debido a la gravitación terrestre, la actividad solar y otros factores técnicos.
Además, la maniobra permite crear condiciones óptimas para el acoplamiento de naves a la plataforma espacial, que actualmente cuenta con seis tripulantes: los rusos Guennadi Pádalka, Mijaíl Kornienko y Antón Shkaplerov, los estadounidenses Scott Kelly y Terry Virts y la italiana Samantha Christoforetti.
Por cierto, el primer ministro ruso, Dmitri Medvedev, advirtió que los recientes fracasos del programa espacial ruso, con dos lanzamientos consecutivos fallidos, dañan la reputación del país y de su antaño prestigiosa industria aeroespacial.

viernes, 15 de mayo de 2015

Japón lleva la energía solar espacial de la ciencia ficción a la realidad

Una descomunal planta solar que flota en el espacio y suministra energía a la tierra. Esta imagen, escenario de un relato de ciencia ficción de Isaac Asimov de 1941, es una realidad cada vez más cercana gracias al trabajo de un grupo de investigadores nipones.

La energía solar espacial es considerada una de las renovables más prometedoras desde que se planteó la idea hace medio siglo, aunque hasta ahora era inviable debido a una compleja cuestión: ¿Cómo trasladar hasta nuestro planeta la electricidad generada a 36.000 kilómetros de distancia?.

El pasado marzo, un equipo de investigadores de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) y varias empresas niponas, entre ellas Mitsubishi Electric, completó con éxito una prueba decisiva para responder a esta pregunta.

Los científicos lograron transformar 1,8 kilovatios de electricidad en ondas electromagnéticas, transmitirlas a continuación entre dos paneles-antena situados a 55 metros de distancia y finalmente convertirlas de nuevo en energía eléctrica.

"Es sólo un primer paso, pero es clave para la aplicación práctica de la energía solar espacial", dijo a Efe Daisuke Goto, uno de los científicos a cargo del proyecto SSPS (siglas en inglés de Sistemas de Energía Solar Espacial).

A partir de este método de transmisión por microondas, se podría generar energía con paneles solares situados en órbita y enviarla hasta la tierra, explicó el investigador en una entrevista telefónica.

El sistema cuenta con grandes ventajas como aprovechar diez veces más radiación solar de la que llega a la tierra -debido a su "filtrado" por la atmósfera-, o el suministro constante de energía sin verse afectado por la rotación terrestre ni las condiciones meteorológicas.

El reto de los científicos nipones ahora es perfeccionar la tecnología inalámbrica para transmitir a través de 36.000 kilómetros, la distancia entre la órbita geoestacionaria donde se situaría la planta solar espacial y nuestro planeta.

Para lograrlo contemplan construir paneles solares de hasta 2 kilómetros de diámetro y unas 10.000 toneladas, que serían lanzados al espacio por piezas a bordo de cohetes y luego ensamblados por sofisticados robots.

Cada panel solar tendría una capacidad de producción energética de un millón de kilovatios, equivalente a un reactor nuclear, y enviaría la electricidad hasta paneles receptores de un tamaño similar.

Pero antes de llegar a ese punto queda un largo camino por delante, repleto de desafíos técnicos y con un altísimo coste económico.

"Nuestro objetivo es que la energía solar espacial tenga uso comercial para 2030 o 2040, aunque algunos expertos hablan de un plazo más largo", señaló Goto.

Los principales obstáculos son lograr un mayor aprovechamiento de la energía generada (el sistema actual sólo permite enviar entre el 5 y el 10 por ciento) o conseguir que las transmisiones sean estables a tanta distancia, un proceso que los científicos comparan con "enhebrar un hilo en una aguja".

Otros problemas son dónde ubicar los enormes paneles receptores en la superficie terrestre, o los posibles efectos sobre la salud humana de las microondas de alta frecuencia, algo que aún no está lo suficientemente estudiado, según el científico nipón.

Las pruebas se han realizado con ondas electromagnéticas de intensidad muy superior a las empleadas en los microondas domésticos, las comunicaciones por radar o el wi-fi, aunque los científicos también prevén testar la transmisión por láser.

Con vistas a que la energía solar espacial fuera rentable a nivel comercial, la construcción y puesta en órbita de cada uno de los paneles solares debería costar 1,24 billones de yenes (8.850 millones de euros), según el presupuesto que maneja SSPS.

Más allá del ámbito espacial, los científicos nipones creen que esta tecnología de transmisión podría emplearse para el suministro energético a zonas afectadas por catástrofes naturales, la recarga inalámbrica de automóviles eléctricos o el envío de energía desde centrales eólicas ubicadas en altamar.

Japón es, junto a China, el único país que invierte actualmente fondos estatales en la investigación y desarrollo de la energía solar espacial.

El concepto fue acuñado en 1968 por el ingeniero aeroespacial estadounidense Peter Glaser, y aunque la NASA comenzó a estudiar su viabilidad, abandonó la idea una década después debido a su coste excesivo.

El proyecto nipón se puso en marcha en 1998, y ahora arroja un rayo de luz sobre el futuro energético del país ante su carencia de combustibles fósiles, el debate nuclear post-Fukushima y la dificultad de explotar otras energías renovables.

jueves, 14 de mayo de 2015

Descubren una nueva clase de estrellas

Un equipo internacional de astrónomos descubrió alrededor de la galaxia gigante Centaurus a una nueva clase de cúmulos globulares de estrellas -enormes bolas de miles de estrellas que orbitan en torno a las galaxias- que pueden albergar cantidades inesperadas de materia oscura o agujeros negros masivos, según los expertos.
La investigación, publicada en la revista Astrophysical Journal, se basa en observaciones realizadas utilizando el instrumento FLAMES del telescopio de gran tamaño (VLT) del Instituto Europeo Austral (ESO), ubicado en el Observatorio Paranal, al norte de Chile. Tras analizar 125 cúmulos, descubrieron que algunos de ellos tenían masas inesperadamente altas que pueden albergar una fracción de material oscuro que consista en agujeros negros o materia oscura, cuya presencia, en ambos casos, es para la ciencia totalmente inesperada e inexplicable.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Los misteriosos brillos del planeta enano Ceres son sólo el reflejo del sol

Los misteriosos brillos del planeta enano Ceres son sólo el reflejo del sol en un material altamente reflectante de la superficie, posiblemente hielo, según revelaron las últimas imágenes tomadas por la sonda Dawn de la NASA.

Estas fotografías, del 3 y 4 de mayo, son las más cercanas obtenidas hasta ahora de los brillos hallados en uno de los cráteres del planeta, a una distancia de 8.400 millas (13.600 kilómetros).

"Esta vista más cercana revela que los puntos brillantes de uno de los cráteres están compuestos de muchas manchas más pequeñas. Sin embargo, su naturaleza exacta sigue siendo desconocida", explicó la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) en un comunicado.

La misión de la sonda Dawn, de 466 millones de dólares, hizo historia el 6 de marzo al entrar por primera vez en la órbita de un planeta enano.

Ceres es el más pequeño de los planetas enanos del Sistema Solar y el más grande del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter.

La sonda Dawn, lanzada al espacio en 2007, se dedicará durante 16 meses a enviar imágenes de Ceres a los científicos para que puedan estudiar su superficie y determinar si bajo ella se esconde una capa de agua helada, como sospecha la NASA.

Ceres fue descubierto en 1801 por Giuseppe Piazzi y primero se le consideró un cometa, después un planeta y un asteroide, hasta que finalmente, en 2006, se le catalogó como planeta enano.

Con un diámetro medio de 590 millas (950 kilómetros), podría haberse formado más tarde que Vesta y podría ser más frío en su interior, según la NASA.

Pruebas científicas recogidas por la agencia espacial sugieren que Vesta sólo conserva una pequeña cantidad de agua, ya que se formó antes que Ceres, cuando el material radiactivo era más abundante y hacía más calor.

Según la NASA, la masa planetaria de Ceres podría estar compuesta en un 25 por ciento de agua y el planeta enano podría esconder un océano helado bajo su corteza helada.

domingo, 10 de mayo de 2015

Nanosatélites, el futuro en la carrera aeroespacial



Con más de 25 años de experiencia en la carrera aeroespacial, Israel se ha volcado a la fabricación de satélites versátiles, de bajo coste y de pequeño tamaño, y ahora se encamina hacia modelos tan reducidos que no superan el medio metro de altura.

Estos nanosatélites, como se los denomina, formarán parte de la realidad espacial en las próximas décadas, aunque por el momento se encuentran en fase experimental más que otra cosa porque su rentabilidad y funcionalidad están por demostrarse.

“Por ahora suelen ser para universidades o tener un propósito educativo”, dice Ofer Doron, presidente ejecutivo de la división espacial de Industrias Aeronáuticas Israelíes (IAI).

En una sala donde se fabrican cuatro satélites de tamaño mediano, dos de ellos de exportación, y junto al corazón de uno de esos diminutos exploradores, Doron explica que en estos momentos la investigación se encamina hacia este “nuevo campo de trabajo”. “Vamos a aplicaciones más serias de los nanosatélites y éste va a ser uno de ellos”, indica sobre el que está a su lado, que tendrá apenas 40 centímetros y girará en torno a la Tierra a una órbita de unos cientos de kilómetros, a diferencia de los grandes que están a decenas de miles.

Este nuevo campo es alentado por el interés de consorcios e inversores privados que tratan de analizar su rentabilidad para diversos fines.

Punta de la tecnología aeronáutica mundial desde su fundación hace más de 60 años, las IAI entraron en el carrera espacial con el lanzamiento de su primer satélite a finales de los 80. Hasta ahora han puesto en órbita 14 satélites, convirtiéndose en uno de los ocho países del mundo capaces de realizar todo el trabajo de fabricar, lanzar y operarlos desde tierra.

Más allá de la inmensa disparidad en el precio, la gran diferencia entre un satélite normal y un nanosatélite es que por su tamaño éstos apenas llevan combustible —si es que lo llevan—, y por tanto no se puede elegir órbita, sino que se lanzan hacia un lugar y quedan ahí para su misión.

Mientras avanza en la nanotecnología, las IAI continúan su apuesta por los satélites de pequeño tamaño, un campo que desarrolló en función de sus necesidades de espionaje en los países vecinos de Oriente Medio.

Acerca de la experiencia de las IAI

Prueba

El primer satélite que pusieron en órbita fue el Ofek 1, un equipo lanzado al espacio con la única intención de demostrar que podían con esta hazaña.

Operativos

En 1995 fue el turno del Ofek 3 (espía), al que siguió en 2000 el Eros A, uno de los primeros del mundo de uso corporativo.

Altitud

Los equipos de uso civil necesitan una gran altitud para cubrir grandes partes del planeta, mientras que los militares quedan en órbitas mucho más bajas.


viernes, 8 de mayo de 2015

DE MERCURIO El campo magnético se formó hace 4.000 millones de años

Los últimos datos procedentes de la sonda Messenger, que impactó la pasada semana contra la superficie de Mercurio, revelaron que el campo magnético del planeta se formó hace casi 4.000 millones de años, según un estudio publicado en la revista Science.

Estas nuevas informaciones suponen un importante paso en la investigación del planeta más cercano al Sol, uno de los más difíciles de analizar por los científicos.

Cuando la sonda Messenger sobrevoló cerca de la superficie de Mercurio, apenas a 15 kilómetros de distancia, el magnetómetro recogió datos de las rocas y que revelaron que el campo magnético es muy antiguo, de entre 3.700 y 3.900 millones de años.

De hecho, el planeta se originó cerca del momento en que se formó la Tierra, que data de hace 4.500 millones de años.

La nave Progress perdida se desintegró esta madrugada sobre el Pacífico

El carguero ruso Progress M-27M, que se desvió de su órbita tras ser lanzado hace una semana con destino a la Estación Espacial Internacional (EEI), se desintegró esta madrugada.
"Según los datos del sistema nacional de control del espacio, la nave entró en las capas densas de la atmósfera y ardió", informó la agencia espacial rusa, Roscosmos.
El carguero "dejó de existir a las 05.04 hora de Moscú (02.04 gmt) tras entrar en las capas densas de la atmósfera en la parte central del océano Pacífico", señaló la agencia en un comunicado.
La nave había sido lanzada el 28 de abril desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán) rumbo a la EEI, pero el Centro de Control de Vuelos Espaciales de Rusia perdió el control después de que el carguero quedara situado en una órbita errónea y dejara de enviar datos a la Tierra.
Todos los intentos por retomar el control de la nave automática, que debía llevar a la Estación Espacial Internacional cerca de 2,5 toneladas de suministros -combustible, oxígeno, alimentos, equipos científicos-, fueron infructuosos.
Las Progress, que se emplean desde hace 35 años, son uno de los grandes orgullos de la industria aeroespacial rusa, con un historial prácticamente inmaculado: hasta ahora sólo habían sufrido un accidente, en agosto de 2011, provocado por un fallo del cohete portador. EFE