martes, 5 de mayo de 2015

La Messenger finaliza su odisea al estrellarse contra Mercurio

GONZALO LÓPEZ SÁNCHEZ / MADRID

Después de haber estado en órbita alrededor de Mercurio durante casi cuatro años, finalmente la nave Messenger de la NASA se estrelló contra el planeta cerca de las 21:26 horas (01-/05/2015). Sin combustible en sus tanques y atraída de forma irremediable por la gravedad del Sol, la sonda aceleró hasta los 14.000 kilómetros por hora y se estrelló en la cuenca de Shakespeare, en el lado que ese momento estaba oculto para la Tierra. Según los cálculos de los científicos, el choque hizo un cráter de unos 16 metros de diámetro, a pesar de que la nave apenas llega a los 485 kilogramos de peso, casi uno por cada millón de euros (414) que ha supuesto la misión.

De esta forma tan dramática la NASA ha puesto punto final a la misión Messenger (“Mercury Surface, Space Environment, Geochemistry and Ranging”) que, desde marzo de 2011, ha analizado la composición del planeta más cercano al Sol y que ha trazado mapas muy detallados de su desértica superficie, repleta de cráteres y azotada por la radiación. Y lo ha hecho du-rante más tiempo del previsto, gracias a que los ingenieros han sido capaces de aprovechar al máximo el combustible, y permitiendo además realizar unos hallaz-gos muy sorprendentes. Los principales salieron a la luz en 2012, cuando la misión encontró grandes cantidades de agua he-lada y de materia orgánica, los ingredien-tes básicos de la vida, en los cráteres si-tuados en las regiones polares.

A pesar del punto y final que ha acabado con la nave, los científicos han confesado estar realmente muy satisfechos con la Messenger, porque han sido capaces de multiplicar por cuatro el tiempo de sondeo previsto y de conseguir 250.000 imágenes en lugar de las 2.500 que esperaban en un primer momento. Además, junto a los más de 10 “terabytes” de información recogidos sobre la composición de la atmósfera, la superficie y el comportamiento del campo magnético de Mercurio, la pequeña sonda ha dado un empujón esencial a la hipótesis que sostiene que al menos una parte del agua y la materia orgánica presente en los planetas del Sistema Solar provendría de un intenso bombardeo de asteroides y co-metas llegados desde el espacio exterior.

UN VIAJE DE SIETE AÑOS

Pero ha sido toda una odisea. El viaje de ida duró casi siete años e hizo necesario aprovechar la gravedad de Venus para tomar impulso. Una vez allí el panorama no mejoró demasiado, ya que Mercurio está casi tres veces más cerca del Sol que nuestro planeta y por ello está sometido a una intensa atracción gravitatoria y a radiaciones muy dañinas. Esto obligó a los ingenieros a darle a la Messenger un poderoso blindaje capaz de soportar contrastes de temperatura que han llegado a los 280 grados centígrados de diferencia en apenas unos centímetros, y a llevar una altísima velocidad (de al menos 104.607 kilómetros por hora) para evitar caer.

Una vez superada la prueba, John Grunsfeld, uno de los directivos de la NASA en Washington, declaró que en realidad el final de la Messenger “es el comienzo de un viaje más largo para analizar los datos que revelarán los misterios científicos de Mercurio”. De momento, habrá que esperar casi una década hasta la misión BepiColombo, preparada por la Agencia Europea del Espacio (ESA), y la japonesa JAXA, lance dos sondas en 2017 y lleguen a Mercurio en 2024. El viaje continúa.

CIENCIA - Wikipedia.

lunes, 4 de mayo de 2015

Satélites diminutos se desarrollan en Israel

Con más de 25 años de experiencia en la carrera aeroespacial, Israel se ha volcado en la fabricación de satélites versátiles, de bajo coste y de pequeño tamaño, y se encamina ahora hacia modelos tan reducidos que no superan el medio metro de altura.

Estos “nanosatélites”, como ya se los denomina, formarán parte de la realidad espacial en las próximas décadas, aunque por el momento se encuentran en fase experimental más que otra cosa, porque su rentabilidad y funcionalidad están por demostrarse.

“Por ahora suelen ser para universidades o tener un propósito educativo”, dice Ofer Doron, presidente ejecutivo de la división espacial de la Industrias Aeronáuticas Israelíes (IAI), durante una visita para periodistas a la bien custodiada instalación MBT Space en la ciudad de Yehud, al este de Tel Aviv.

En una sala donde se están fabricando cuatro satélites de tamaño mediano, dos de ellos de exportación, y junto al corazón de uno de esos diminutos exploradores, Dorón explica que en estos momentos la investigación se encamina hacia este “nuevo campo de trabajo”.

“Vamos a aplicaciones más serias de los nanosatélites y este va a ser uno de ellos”, indica sobre el que tiene a su lado, que tendrá apenas cuarenta centímetros y girará en torno a la tierra a una órbita de unos cientos de kilómetros, a diferencia de los más grandes que se encuentran a decenas de miles.

Este nuevo campo viene alentado por el interés de consorcios e inversores privados que tratan de analizar su rentabilidad para todo tipo de fines, aunque por ahora “la cosa no es fácil”.

Punta de la tecnología aeronáutica mundial desde su fundación hace más de 60 años, las IAI entraron en el carrera espacial con el lanzamiento de su primer satélite a finales de los años ochenta, el Ofek 1, un satélite estéril “con la única intención de demostrar de que podíamos poner algo en órbita”, afirmó el director del consorcio Yosi Weiss.

En 1995 puso en órbita su primer satélite operativo, el Ofek 3, un satélite espía, al que siguió en 2000 el Eros A, uno de los primeros del mundo de uso corporativo.

En total las IAI han puesto en órbita hasta ahora 14 satélites, convirtiéndose en uno de los ocho países del mundo capaces de realizar todo el trabajo de fabricar, lanzar y operarlos desde tierra.

El telescopio que reemplazará al Hubble será 100 veces más potente

25 años de fotos magníficas. Desde que está en el espacio, el Hubble nos ha brindado imágenes del Universo como nunca antes lo habíamos visto. Pero la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y sus socios internacionales están trabajando a pleno en el telescopio para reemplazarlo. Su lanzamiento -desde la base europea de Kourou en la Guayana Francesa- está previsto para octubre de 2018.
Bautizado James Webb en honor al hombre que dirigió el destino de la agencia espacial estadounidense entre 1961 y 1968, tiene una potencia 100 veces superior al Hubble. "Si con el Hubble podemos ver las galaxias recién formadas, cuando el Universo tenía solamente mil millones de años, con el James Webb vamos a poder observar incluso cuando las galaxias eran más jóvenes y todavía se estaban formando”, le explica a BBC Mundo Pedro García Lario, astrofísico de la ESA.
¿En qué se diferencia de su antecesor? En principio en su tamaño. Su espejo principal tiene un diámetro de 6,5 metros (en comparación con los 2,4 del Hubble) y está formado por 18 espejos hexagonales que juntos forman uno. "Es tan grande que no cabe dentro del lanzador. Los espejos irán plegados y se desplegarán una vez que el aparato esté en el espacio”, dice García Lario.
Como el espejo está adaptado para observar en infrarrojo, el dispositivo está resguardado de los rayos del Sol por un escudo protector -que también se despegará en órbita- de aproximadamente 21 por 14 metros. "Son como 200 metros cuadrados. ¡Es como un departamento!”, dice García Lario.
"Otra peculiaridad es que sus instrumentos están optimizados para trabajar en infrarrojo”, explica el astrónomo. "Esto significa que vamos a poder observar una luz de una longitud de onda diferente a la que observamos con nuestros ojos”. Esto le permitirá mirar aún más hacia el pasado que el Hubble.
¿Por qué? Como la expansión del Universo se está acelerando, las antiguas galaxias se están alejando a gran velocidad. A medida que lo hacen, la luz que emiten se estira hasta alcanzar una mayor longitud de onda, que las hace parecer más rojas. Y, al hacer observaciones en infrarrojo, el James Webb podrá alcanzar los objetos más lejanos: las primeras estrellas y galaxias que se formaron tras el Big Bang.
Los investigadores también esperan obtener imágenes de los planetas fuera del Sistema Solar para analizar la composición química y física de su atmósfera a partir de la luz que viene de ellos.
En vez de orbitar alrededor de la Tierra como su antecesor (una vez cada aproximadamente 97 minutos, a una altura de entre 550 km y 600 km) el James Webb se situará en un punto conocido como Lagrange 2, a 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta. Orbitará alrededor del Sol, conservando esa distancia con la Tierra.
A diferencia del Hubble, cuya misión de larga duración incluía la visita regular de astronautas para reparar o cambiar instrumentos, el diseño del James Webb asume que nadie podrá visitarlo en este punto tan distante de la Tierra. Por lo tanto, "todo tiene que salir bien en la primera instancia”, indica García Lario.
La vida útil del supertelescopio está calculada en unos cinco años, pero los científicos esperan que si todo sale bien, pueda estar operativo por una década.

Revelan un nuevo lago de lava en una luna de Júpiter

Un grupo de astrónomos de la Universidad de Arizona ha logrado ver desde un telescopio terrestre, por primera vez en la Historia, una zona volcánica de apenas 200 kilómetros de diámetro ubicada en Io (la más interna de las cuatro lunas de Júpiter). A pesar de que la región -denominada «Loki Patera» en honor al dios nórdico asociado con el fuego y el caos- ya se conocía, hasta ahora era demasiado pequeña para observarse desde nuestro planeta.

«Loki Patera» (ubicada al menos a más de 500 millones de kilómetros de la Tierra) se encuentra en Io, una luna que fue descubierta por Galileo Galilei en 1610 y que es sólo un poco más grande que el satélite de la Tierra. A día de hoy, es el órgano más geológicamente activo en el Sistema Solar y está salpicado por cientos de zonas volcánicas cubiertas de azufre y dióxido de azufre.

Además, es una depresión volcánica en la que una corteza de lava, más densa y en solidificación, se hunde episódicamente produciendo un aumento en la emisión térmica (algo que se ha observado desde la Tierra). Hasta hace poco, era demasiado pequeña para ser examinado en detalle desde cualquier telescopio óptico/infrarrojo con base en el planeta, según ha informado la Universidad de Arizona.

Sin embargo, ahora ha podido ser captada gracias al Large Binocular Telescope (LBT), el cual cuenta con dos espejos de 8,4 metros de ancho. Este artilugio se destaca porque produce imágenes en el mismo nivel de detalle que un telescopio con un solo espejo de 22,8 metros mediante la combinación de la luz a través de la interferometría.
El telescopio que vio «Loki Patera»
Así pues, y gracias a su inteferómetro (LBTI), un equipo internacional de investigadores ha sido capaz de observar «Loki Patera» revelando detalles como nunca antes se habían visto desde la Tierra. «Si bien hemos visto emisiones brillantes en distintos lugares de "Loki Patera" en los últimos años, estas imágenes exquisitas de la LBTI muestran por primera vez en imágenes basadas en tierra que probablemente sea un lago de lava activa, como se había planteado en hipótesis», ha señalado el miembro del equipo Chick Woodward.

«Combinamos la luz a partir de dos grandes espejos coherentes, por lo que se convierten en un solo gran espejo extremadamente grande. De esta manera, por primera vez, podemos medir el brillo proveniente de diferentes regiones dentro del lago», ha explicado Al Conrad, investigador principal del estudio y científico del Observatorio LBTO.


sábado, 2 de mayo de 2015

LA NASA ANALIZA PROS Y CONTRAS DE UNA MISIÓN A MARTE La radiación espacial puede afectar a los astronautas

La exposición prolongada a rayos cósmicos galácticos puede deteriorar de manera permanente la capacidad cognitiva, descubrimiento con implicaciones para los astronautas que se embarquen en futuros viajes espaciales de larga duración, como a Marte.
La Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) ya se prepara para la primera misión espacial tripulada a Marte, pero los investigadores señalan que durante los largos vuelos espaciales el cerebro de un astronauta se ve asediado por "partículas destructivas” que son expulsadas por los rayos cósmicos galácticos y que efectivamente atraviesan las naves espaciales.
Los científicos están trabajando en soluciones parciales o tratamientos preventivos para hacer frente a ese problema, aunque aún tienen camino por delante. El profesor de oncología radioterápica de la escuela de Medicina de la Universidad de California, Charles Limoli, dirigió un estudio que publicó ayer Science Advances sobre el tema y señaló que "no son buenas noticias para los astronautas que realicen un viaje de ida y vuelta a Marte durante dos o tres años”.
La exposición a partículas con cargas altamente energéticas -muy parecidas a las que se encuentran en los rayos cósmicos que bombardean a los astronautas durante los vuelos espaciales prolongados- causan daños significativos en el sistema nervioso central, lo que genera un deterioro cognitivo progresivo.
Entre algunos problemas están las disminuciones del rendimiento, déficit de memoria, pérdida de conciencia y atención que "durante un vuelo espacial pueden afectar a las actividades fundamentales de la misión”, indicó el médico.
Además, la exposición prolongada en el tiempo a estas partículas "puede tener consecuencias negativas a largo plazo para la cognición durante toda la vida y de modo irreversible”.
Charles Limoli y su equipo aceleraron los mismos tipos de partículas con carga que hay en los rayos cósmicos galácticos y expusieron a ellos, de manera breve, a ratones alterados genéticamente para que sus neuronas fueran fluorescentes.
Así, constataron que la exposición a esas partículas provocó inflamación en los cerebros de los roedores, lo que alteró la comunicación entre sus neuronas, además de producirse un menor rendimiento en la tareas relacionadas con el aprendizaje y la memoria de los seres humanos.
Las partículas impactaron "como una bala” en las dendritas -prolongaciones muy cortas que surgen del cuerpo de las neuronas- para romperlas, señala el estudio publicado en Science.

La NASA se prepara ante un problema
Alerta Aunque los déficit cognitivos tardarían meses en manifestarse en los astronautas, el tiempo necesario para realizar una misión en Marte es suficiente para que este tipo de problemas se desarrollen.
Prueba El personal que trabaja durante largos periodos de tiempo en la Estación Espacial Internacional no sufre ese mismo nivel de bombardeo de rayos cósmicos galácticos, pues está ubicada dentro de la magnetósfera de la Tierra, lo que la protege. Según los expertos, se deben realizar más pruebas con ratones para poder determinar el alcance de los rayos.

viernes, 1 de mayo de 2015

La sonda Messenger despide su histórica misión estrellándose contra Mercurio

La sonda Messenger, la primera en orbitar alrededor de Mercurio, despidió hoy su histórica misión de cuatro años estrellándose en la superficie del misterioso planeta y dejando como huella, junto a sus descubrimientos clave, un cráter de 16 metros.

El choque, planeado, se produjo cuando la sonda se quedó sin combustible a las 19.26 GMT y con una velocidad de 14.080 kilómetros por hora, tras haber completado 4.104 órbitas alrededor del planeta, informó la agencia espacial estadounidense (NASA).

La sonda Messenger, de tamaño similar al de un automóvil, es el primer objeto creado por humanos en caer sobre la superficie de Mercurio.

Messenger, una misión de 450 millones de dólares, fue lanzada en agosto de 2004 y en 2011 se convirtió en la primera sonda en orbitar alrededor de Mercurio, el planeta más cercano al Sol y uno de los que entrañan más misterios para los científicos.

"Se apagó con un 'bang' al impactar contra la superficie de Mercurio. Estamos celebrando Messenger como más que una misión exitosa", dijo en un comunicado John Grunsfel, administrador asociado del directorio científico de la NASA.

"La misión continuará dando a los científicos nuevos resultados en la nueva fase, la de analizar los datos que ya tenemos en los archivos para seguir resolviendo los misterios de Mercurio", añadió Grunsfel.

Entre otros grandes descubrimientos, Messenger determinó la composición de la superficie de Mercurio, reveló su historia geológica, descubrió que su campo magnético interno está desviado del centro del planeta y certificó que sus depósitos polares son, sobre todo, agua helada.

"Bueno, creo que es el momento de decir adiós a todos mis amigos, familia y equipo de apoyo. Haré mi impacto final muy pronto", podía leerse en la cuenta de Twitter de la misión poco antes del choque contra Mercurio.

La cuenta, narrada en primera persona como si fuera la propia sonda la que hablara, informará a partir de ahora de los descubrimientos que se extraigan de los datos aún por analizar recogidos por la sonda.

Los datos que ha proporcionado la sonda de la NASA son los primeros que llegan desde las cercanías de Mercurio desde los que envió la Mariner 10, también estadounidense, entre 1974 y 1975.

Pese a su relativa proximidad a la Tierra, Mercurio sigue siendo un planeta muy desconocido, y la tarea de Messenger ha resultado fundamental para que los científicos comprendan mejor sus características.

Mercurio es uno de los planetas que más ha costado investigar, ya que se mueve mucho más rápido que La Tierra y una nave espacial debe desplazarse a unos 104.607 kilómetros por hora para alcanzarlo y además enfrentarse al calor del Sol.

Los científicos de Messenger resolvieron este problema con una gran sombrilla de cerámica que soporta el calor y protege la nave espacial, que está diseñada además para limitar su estancia cuando pasa por áreas más calientes.

También se utilizaron otros materiales de alta tecnología como paneles solares y otros instrumentos para mantener la temperatura dentro de sus rangos.

Mercurio, Venus, Tierra y Marte son planetas terrestres rocosos, pero de ellos Mercurio es el más pequeño, el más denso, el que tiene la superficie más antigua, el que registra mayor variación diaria en la temperatura de su superficie y, a la vez, el menos explorado.

Para los científicos, la comprensión de este eslabón entre los planetas terrestres es crucial para entender mejor cómo se formaron y evolucionaron los planetas del Sistema Solar.

Aunque la sonda, cuyo nombre completo es "MErcury Surface, Space ENvironment, GEochemistry and Ranging", fue lanzada en 2004, la misión se constituyó una década antes.

No obstante, la agencia espacial estadounidense comenzó a debatir el concepto de la sonda hace casi 15 años.

Rusia confirma la caída del carguero espacial Progress

El carguero espacial ruso Progress M-27M se precipita hacia la Tierra sin que se sepa exactamente cuándo ni dónde caerán sus restos, en un doloroso revés para la industria aeroespacial de Rusia.
"Pronosticar con exactitud la fecha y lugar donde caerán los fragmentos del Progress que no se desintegren en la capas densas de la atmósfera sólo será posible unas horas antes de que esto ocurra”, dijo ayer a la agencia oficial rusa RIA Novosti una fuente del sector aeroespacial.
La misma fuente añadió que la velocidad del descenso dependerá del estado de la atmósfera y del viento solar, pero recalcó que "en las últimas 24 horas, la nave de carga ya ha perdido decenas de metros de altitud”.
Las naves Progress, que se emplean desde hace 35 años, son uno de los grandes orgullos de la industria aeroespacial rusa, con un historial prácticamente inmaculado: hasta ahora habían sufrido un solo accidente, en agosto de 2011, provocado por un fallo del cohete portador.
El Centro de Control de Vuelos Espaciales (CCVE) de Rusia perdió el control del carguero, lanzado desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán), después de que éste quedara situado en una órbita errónea y dejara de enviar datos a la Tierra, debido a que no se desplegaron adecuadamente todas sus antenas.
Todos los intentos por retomar el control de la nave automática, que debía llevar a la Estación Espacial Internacional (EEI) cerca de 2,5 toneladas de suministros -combustible, oxígeno, alimentos, equipos científicos-, han sido hasta ahora infructuosos.
"En el curso de unas pruebas adicionales se ha detectado falta de hermetismo en los principales conductos del sistema de propulsión, por lo que es imposible que el carguero continúe su vuelo y se acople de manera segura a la EEI”, declaró ayer Igor Komarov, director de Roscosmos, la agencia espacial rusa.
El CCVE anunció que continuará tratando de establecer una comunicación con la Progress que permita darle órdenes, ya que de conseguirlo se podría controlar hasta cierto punto su caída. Ésta podría producirse la próxima semana, entre los días 5 y 7 de mayo, según la corporación Energuia, fabricante de los cargueros espaciales.
El jefe del programa de vuelos del segmento ruso de la EEI, Vladimir Soloviov, indicó que la experiencia de los anteriores hundimientos de las naves Progress en el océano Pacífico muestran que los elementos del carguero no llegan a impactar la superficie de la Tierra.
"Como regla, se queman en las capas densas de la atmósfera, a unos 60 kilómetros altura”, explicó Vladimir Soloviov en rueda de prensa.
El número dos de Roscosmos, Alexander Ivanov, indicó que la avería "probablemente está relacionada con la separación de la nave del cohete portador”, aunque recalcó que habrá que esperar los resultados de la investigación para establecer su causa.

Las autoridades rusas del sector minimizaron la pérdida de la nave Progress. (EFE)

Nave a la deriva


Misión Es probable que la agencia espacial rusa adelante el lanzamiento de la Progress M-28M, que ya se encuentra en el cosmódromo de Baikonur, que podría llevarse a cabo no antes de junio, pues se requiere, como mínimo, un poco más de un mes para los preparativos de la nave.
Historia La familia de las Progress nació para abastecer la estación espacial soviética tripulada Saliut 6, la primera para misiones de larga duración, puesta en órbita en 1979.
Desarrollo Cada año Rusia envía entre tres y cuatro cargueros con suministros para la Estación Espacial Internacional, un proyecto en el que participan 16 países.